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“Observaciones de una Autora que la Juega de Editora y Viceversa”: Sobre contratos, parte 1

El otro día unxs colegxs que están empezando a incluir a otrxs en su proyecto editorial, me preguntaron cómo manejarse con el tema reglas de convivencia. O sea, contratos.

Esto acompaña observaciones que me habían quedado pendientes del año pasado, donde me pasaron contratos tanto deplorables como super correctos.

Así que aprovecho para escribir un poco sobre el tema, desde mi subjetividad y experiencias en el protogremio historietístico.

Creo que hay una oportunidad de tener una mirada muy interesante y con el potencial a un trato mejor, cuando lxs editorxs también son autorxs. Entendiendo lo que ambas tareas llevan, podemos crear arreglos donde ambas partes son beneficiadas y tratadas con respeto.

Ahora, hay un par de cosas que tomo en consideración cuando me acerco a este tema, tanto como autora como desde el lado editora:

1. Un acercamiento ético, justo y balanceado (o como diría mi asesor legal, “los contratos tienen que ser lindos”)

2. El proyecto en sí

3. El contexto socioeconómico

4. No estoy tomando en cuenta convocatorias abiertas ni proyectos no-libros en este post.

5. Todo contrato es modificable hasta que ambas partes llegan a un acuerdo y firman. Así que no se sorprendan si lxs autorxs se los devuelven con modificaciones para charlar.

En este caso voy a centrarme plenamente en editoriales argentinas, para mantener una misma realidad socioeconómica, y un mismo mercado (con sus propias particularidades).

Algo que me parece super importante a la hora de encarar un proyecto (como editora, y lo que espero como autora cuando me presentan uno) es:

1. Reglas claras y transparencia.

Tengo que admitir que, aunque intenté que Quique y Luciano firmen un contrato, nunca pasó, porque la amistad y porque muchísimos de los contratos en el ambiente historietil, al ser entre colegas, son de palabra (que sigue siendo un contrato, aunque no esté firmado).

Aún así, lo intenté, y sí tuvimos la charla de cómo se maneja Gutter, cuales son los porcentajes y por qué, dónde va cada porcentaje y cómo, y qué se esperaba de ellos, como qué es lo que yo, como editora aporto (por ejemplo, cuántas charlas/presentaciones/firmas estaban dispuestos a hacer, si tenían alguna predilección sobre dónde, etc. Coordinarlas y acompañarlas es una tarea que elijo hacer yo -no es una tarea que toda editorial haga, ni que tenga qué, cada editorial es un univeeeeeeeeeeeerso, así que charlar todo para que todas las partes sepan donde están paradas ayuda a una convivencia feliz-.)

2. No pedir más de lo que se da.

Esto se traduce en, por ejemplo, no pedir exclusividad en países a los que nuestra editorial no llega. No es ético atar la obra a nuestra editorial, y negarle la oportunidad de presentar esa obra a sus autorxs en otros mercados, cuando sabemos que no tenemos una estructura para vender ese libro en tal o cual país. Así que si sabemos que nuestra editorial sólo se está moviendo en Argentina (y se va a mover en Argentina en el futuro inmediato), entonces el derecho de publicación debería ser en Argentina, y listo. Si la editorial se mueve en Argentina, Uruguay y Chile, entonces esos serían los países a figurar.

Poner “en todo país hispanoparlante” o más, sin poder cumplir una distribución real en esos países, es ridículo, y si están re encaprichadxs con poner esa clausula, entonces más vale que estén pagando lo que corresponde a un contrato de ese tipo.

Otra clausula normal es incluír algo que tenga que ver con el derecho a actuar como agente. Otra clausula que no debería ser exclusiva (o sea, que si lxs autorxs presentan la obra por su cuenta a otra editorial para editarla en un mercado en el cual no tenemos los derechos, pueden negociar esa publicación de forma independiente sin rendirle un porcentaje a la editorial original), a menos de que sean lxs mejores agentes del planeta, o, como en el punto anterior, estén pagando por esa exclusividad.

Los tiempos por los cuáles tenemos los derechos de publicación de la obra también entrarían acá. En generaaaal, obra completa ronda los 2-7 años (a menos de que la editorial se quede sin stock y no vaya a reimprimir el material) y se va renovando. Antologías desde 1 año. Todo va a depender, de nuevo, de lo que se de.

Como ven, empieza a ver un tema recurrente, que nos lleva a…

3. Cuanto menos se da, menos se pide.

La industria de la historieta nacional en argentina es una semlilla de industria, una protoindustria, un potenciaaaal de industria. Diganle como quieran. No tiene prácticas ya instituídas al 100%. Está en formación.

(eso es lo que la hace tan linda, hay menos reglas! <3 la hace también más problemática, porque hay menos reglas también XD)

También responde a un mercado pequeño, donde las tiradas son pequeñas y donde muchos de los proyectos editoriales son autogestivos y los presupuestos son mínimos. Esto es algo que creo que muchísimos autorxs entendemos. Esperar de una mini-editorial argentina lo que le pediríamos a una editorial más grande en un mercado mayor es bastante iluso; y ser flexibles para que se produzca material a nivel nacional, y para que esta protoindustria se fortalezca y crezca es una elección que, de nuevo, muchísimos autorxs nacionales hacemos.

Ahoooora, ese entendimiento tiene que ser un ida y vuelta. Cuantas más demandas les hacemos a lxs autorxs, como editores más tenemos que dar.

Si lo que se les puede dar es un mínimo, entonces lo que se les pide tiene que estar a la misma altura también. Esto lo recalco, en especial, con el tema antologías (aunque es aplicable a obra completa también). Una cosa es pedir el derecho de impresión de una obra ya hecha, otra es pedirle a autorxs que produzcan una obra de cero para nosotrxs. Una cosa es pedir un formato genérico que permita que lxs autorxs puedan comercializar esa obra en otras editoriales con facilidad, otra cosa es pedir formatos específicos que dificultan la comercialización del material a futuro. Cuantas más cosas, como editorial, pedimos, menor es la tolerancia que como autorxs, tenemos que tener.

Y si están emperradxs, siempre es mejor un “me haría muy feliz si pudieras llegar con material inédito, pero si tenés algo ya hecho, está perfecto también <3″, que deja la elección en las manos de lxs autorxs.

Los tiempos por los que tenemos la exclusividad del material también varían en base a lo que estamos dando. En lo personal, la primera vez que trabajé “como editora” (o sea, coordinando a autorxs fuera de yo) fue en Brauronian, un fanzine re tiernis de tirada chiquita que salió después reeditado en Oveja Negra. Ahora, el fanzine original, tenía ilustraciones de autoras (geniales!) a las que les había pedido ilustraciones por favor pretty please with sugar on top <3.

Obviamente, yo no tengo ningún derecho sobre las imágenes, no puedo usarlas fuera de la publicación misma sin el permiso de ellas, y ellas pueden, y podían, hacer lo que que quisieran con esas imágenes desde el día en que las hicieron. Tener el permiso de ellas para imprimir sus ilustraciones en ese fanzine no me hace a mí la dueña de esas ilustraciones, ni me da derechos extras sobre las mismas; no cuando esos extras no estuvieron pautados, ni yo les ofrecí una situación donde pudiera pedirlos.

Prácticas que personalmente no avalo:

1. “Este es un contrato genérico” para justificar contratos nefastos.

No. Es es una elección. Elegir entregarle a autorxs un contrato nefasto que lxs deja en una posición desigual es una práctica abusiva que la editorial decide utilizar, y justificarla con un “todos los contratos son así” es deplorable. Y si encima viene de gente que se llena la boca de su amor a la historieta, es peor. El amor se muestra con hechos, y respetar a lxs autorxs es parte de querer que la protoindustria se fortalezca.

2. Cualquier circunstancial en un contrato. O sea, “te pagamos/te lo editamos si nos gusta”.

No. En el momento que decidimos editar el material, se asume que estamos dándoles un set de reglas a lxs autorxs dentro de las cuales tienen que trabajar (básicamente, qué queremos, como editores, que hagan, donde un incumplimiento de ese tema en particular llevaría a una falta de parte de lxs autorxs, no algo subjetivo como “si nos gusta/si te lo aprobamos”), y ya conocemos el tipo de estilo que trabajan (si no, no nos hubieramos contactado con ellxs). Si quieren ver muestras específicas antes de decidirse (una buena opción ante la duda), tienen que ser pagas.

3. Reimprimir el material en otro formato sin avisarle a lxs autorxs.

4. No darle a lxs autorxs el libro/fanzine de cortesía.

Corresponde. ¿Hicieron 100 e invitaron a 99 autorxs a participar y se van a quedar sin tirada? Corresponde igual.

More to come en la segunda parte <3

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