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Novedades, behind the scenes y momentos de sociabilización extrema. El Guttermonster es un monstruo amigable.

Disección

Por las tardes mientras merendamos, con mi mamá vemos Grace and Frankie, para los que no la conocen, es una serie acerca de dos mujeres de la tercera edad que terminan viviendo juntas y formando una increíble amistad después que sus esposos revelan que mantenían un romance entre ellos por los últimos veinte años. En este episodio (si se lo preguntan es el primero de la tercera temporada) Frankie –la artista, hippie, el “hemisferio derecho” de la pareja- exponía finalmente sus obras en una galería.
En un momento del episodio, su ex esposo se detiene frente a un cuadro principalmente de color mostaza y le describe a otro personaje como en ese cuadro puede ver el odio que tiene Frankie hacia él en cada pincelada. Más adelante encontramos el mismo cuadro, esta vez hay una señora desconocida que pasó un buen rato frente a él y Frankie se acerca a ella con intenciones de venderle el cuadro. Hablando sobre el cuadro Frankie confirma que la teoría de su ex esposo era cierta y había un simbolismo detrás del cuadro (el odio a la mostaza), pero la señora dice que se mantuvo viéndolo porque le recuerda a un cuadro que había en la casa donde ella se había críado. No era el cuadro en sí, sino ese sentimiento, y Frankie –la artista- decide que la visión de la mujer le gusta más, finalmente le vende el cuadro por lo que la mujer puede pagar.

Haber visto ese episodio el mismo día que me cruzo con mi primer material bibliográfico sobre arte fue demasiada “coincidencia” para dejarlo pasar (nota de la autora: no creo en las coincidencias). Este texto hablaba del arte y su simbolismo, de cómo las obras con mayor simbolismo se volvían más reconocidas por este que por su contenido, que como la naturaleza muerta, retratos y arte abstracto caían en una especie de limbo descriptivo al no poder aplicarles esta definición. Ese texto sumado al episodio despertó un debate en mí, tanta concentración en el simbolismo devalúan la pieza como una unidad. Lo que hizo que se mantuviera más presente en mí esta idea no fue solo los cuadros y qué hay escondido tras de ellos; considero esto mucho más amplio.
El arte siempre fue muy de la mano con su interpretación, el debate de qué hace y qué no una obra maestra siempre está presente junto a ella, pero puede fácilmente trasladarse al ahora, a lo que se consume más diaria y masivamente que una obra maestra colgada en el Louvre. Noté que este pensamiento de escrutinio y análisis exhaustivo está presente sobre cada forma de comunicación audiovisual, en series, en películas, en videos de música. Me declaro culpable de haber leído una nota de “ups & downs” de cada episodio de una última temporada, pero trato de no permitir que devalúen mi impresión de lo que consumo.

Mirar cada detalle y perderse en el análisis sin ver el todo hace que sea muy fácil encontrar algo que no nos gustó, y una nueva y creciente generación de “gente que dice lo que opina de x en internet” hace que se genere una competencia tácita de quién es más difícil de impresionar. Soy la primera en admitir que una página de reviews públicas logró arruinar cada película que vi al minuto de haberla terminado (y haberla disfrutado). Esta generación de inconformistas mediáticos que no pueden detenerse ante la imagen completa y se dedican a diseccionar todo para forzar una sensación de desilusión hace que sea cada vez más difícil disfrutar ideas nuevas. Y esta actitud de sobre analizar e impartir un juicio subjetivo le resta valor a lo que importa: sentir algo. Naturalmente no estoy diciendo que todos los consumidores se comporten igual, pero son los suficientes como para no dejar ver a los que piensan distinto. Incluso las películas y series de mayor aceptación masiva son juzgadas constantemente por no mantener el estándar de calidad que se espera de ella. El nuevo receptor consentido fuerza su visión de cómo “deben” ser las cosas en un mensaje que se esfuerza más y más por responder a esto, perdiendo en la desgastante tarea de conformar gran parte de su esencia. No estoy comparando cine y series con una obra maestra; distintas ramas de expresión artística conllevan distintos análisis, eso sí lo comparten.

Me voy por la tangente como usualmente hago, a lo que voy es que este análisis exhaustivo en busca del simbolismo, del detalle, del mensaje, pone una lupa sobre una mancha de tinta y trata de encontrarle el significado, mientras el resto del cuadro trata de contar una historia.