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noviembre, 2014

Nov 01

2014

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Vignette Anuraidh Samhain – Parte 2

El festejo de Samhain estaba en pleno auge, las llamas impregnadas de los colores de cada una de las Casas Mayoress flotaban en el bosque. Desaparecían entre el follaje de los árboles para volver a aparecer en otro sitio completamente distinto. No producían humo y tampoco el característico olor al fuego, las llaman eran pura Magia. Unas cuantas hadas menores, patronas de la vegetación del lugar, las perseguían riendo. Me recordaban a los niños que seguían el rastro de las luciérnagas en mi pueblo natal. Su inocencia me robó una sonrisa. Si bien en cualquier otro momento esa actitud produciría un comentario despectivo y más de una mirada de superioridad, esta noche no era como cualquier otra.

Hoy se celebraba el nuevo año y las oportunidades que traería consigo. Esta fiesta era parte de todos los hijos de Danu y cada uno de los sidhes presentes festejaría. Las Bride Faeries fueron las primeras en entonar una melodiosa canción, tan suave que era casi imposible de seguir. A sus voces se sumaron los Leprechauns tocando sus clásicas flautas de madera. Los siguieron los Pixies agregando unas armoniosas notas alegres. Como si todo el asunto hubiese estado orquestado, las Sirenas comenzaron a cantar.

Fue imposible no empezar a moverme siguiendo el compás de sus cristalinas e hipnóticas voces. No fui la única, los Leanan bailaban como si ése fuera su propósito sobre la tierra. Tranquilamente podrían haber sido las musas inspiradoras de todos los cuentos escritos y por escribirse. Habría pensado que ese era el motivo por el cual los humanos perseguían a las hadas danzantes en los bosques, de no ser por lo que comenzaba a suceder frente a mis ojos.

Los Elfos de la Luz, esos sidhe bellos, perfectos y distantes, ahora cantaban y bailaban con un brillo tan cautivador en sus miradas que conseguían que los UnSeelies hasta ahora espectadores, se sumaran activamente al jolgorio. Si me lo hubiesen contado jamás lo hubiera creído. Parecía que nadie era inmune a ellos.

Comencé a sentir un punzante dolor de cabeza que parecía perforarme la mente. Esa la señal de que debía volver a mi habitación. Todavía no me acostumbraba a los poderes de mis compañeros y de seguir en el bosque con ellos de seguro me desmayaría. Lo último que quería provocar era una escena. Intentando evitar miradas indiscretas me fui alejando del árbol de la ceremonia. Evidentemente no era  tan sigilosa como pensaba porque no había llegado a escabullirme cuando el Doctor Murphy apareció frente a mí. Olía como siempre al mar, las algas trenzadas en sus cabellos negros parecían pulsar con la Magia azul del Kelpie.

— ¿Tan pronto decide abandonar la festividad, señorita Donovan?  —me preguntó llevando una de sus manos a mi frente. — Todavía tenemos que trabajar en su resistencia.

—Por lo menos he aprendido a reconocer los síntomas —repuse dando un paso hacia atrás sonriente. —Va a tener que buscarme otro apodo.

El Doctor Murphy no pudo evitar reírse a carcajadas y yo ruborizarme ante su reacción.

—Eso no ayuda para nada a la confianza en mí misma —le dije.

—Lo siento, lo siento —replicó secándose las lágrimas de los ojos mientras intentaba calmar su risa. —Prometo buscarle otro apodo si y solo si no la veo por la enfermería en lo que resta del año. Ahora si me permite la acompañaré hasta los dormitorio femeninos, no quisiera ser el causante de uno de sus desmayos y esta noche siempre trae sorpresas.

—Gracias, pero no es necesario. Puedo volver sola. — El Kelpie estuvo a punto de responder cuando me anticipe a continuar. —Si tiene que dejar la fiesta por mí, de seguro me enviarán a  visitarlo pronto a la enfermería. No sé si está al tanto pero tiene algunas admiradoras que dan miedo.

El Doctor volvió a reírse y esta vez lo acompañé.

— ¿Promete no desviarse de su camino, señorita Donovan? —Asentí profundamente en respuesta, —Bien, entonces le deseo buenas noches. Que la Diosa ilumine sus pasos en el nuevo año que comienza.

Hice una leve reverencia y me dirigí hacia el edificio principal silbando por lo bajo la pegadiza melodía. Había sido un maravilloso festejo de Samhain, Seelies y UnSeelies ofreciendo juntos un magnífico tributo a la Diosa. Me hubiera gustado que mi familia lo hubiese visto. La cobriza Magia que nos caracterizaba como Daoine mezclada con los poderes de las demás Casas Mayores. No importaba, no faltaría oportunidad para que eso volviera a suceder. Después de todo ese era el motivo principal por el que estaba en Ardscoil.

A medida que me alejaba y dejaba atrás la música, comencé a percibir una extraña sensación. No era la primera vez que paseaba durante la noche en el bosque que lindaba con la escuela, pero nunca lo había hecho sola. Caminé más aprisa deseando estar de vuelta en mi habitación. A pesar del cálido viento que había sentido toda la noche sobre mi piel, empecé a temblar y pude ver mi aliento con cada una de mis respiraciones. Parecía que la temperatura había disminuido abruptamente. Corrí hasta salir del bosque y tener frente a mí la fachada de la escuela. Eso no me tranquilizó tanto como me hubiera gustado.

Tenía la certeza de que alguien me observaba. No quise detenerme, pero mi cuerpo parecía no querer continuar. A pesar de mi deseo ferviente de moverme hacia adelante caí. El cielo antes estrellado ahora parecía una pátina negra y opaca, los ruidos del bosque habían desaparecido por completo, no podía oír nada.

Fue un instante, un segundo, un parpadeo y lo había perdido todo. Un sinfín de posibilidades que en ese preciso momento dejaban de existir para siempre. Sentí terror por lo que eso significaba. Estaba segura de que la vida era una constante elección de caminos y todos ellos me habían conducido a este punto en el que estaba ahora y a esta hada en la que me había convertido. Creía que había tomado cada una de las oportunidades ofrecidas, que había abrazado a todos los que quise, que me había arriesgado siempre por lo que había deseado y disfrutado como momento. Aun así dudas que pensé exiliadas en mí me observaban con sus ojos amarillos.

¿Qué hubiera pasado si…? Tal vez tendría que…., debería haber hecho…

A veces solo toma un suspiro para que la fragilidad que caracteriza a cualquier convicción se rompa y yo acaba de darlo. Lágrimas escapaban de mis ojos y la angustia lo envolvía todo. Estaba perdida pero no podía arrepentirme. Aquello que no dije o hice, no fue porque no era lo suficiente como para que yo lo deseara con cada fibra de mi ser. Esos caminos sin recorrer era para otros pies y otras vidas, pero no la mía.

Este instante podría ser mi último y me iría de aquí con la seguridad de que lo había dado todo siempre.  A pesar del dolor sonreí, estaba en paz.

 

 

—Levántate pequeña.

La oración no había sido más que un susurro pero lo sentí fuerte y claro. Era una orden que no podía desobedecer. Me puse rápidamente de pie, como si hubiera estado esperando escuchar esas palabras.

Mi cuerpo estaba cubierto de transpiración, incluso mi uniforme estaba mojado. A mi alrededor el pasto estaba completamente congelado. No había pista alguna de lo que había pasado, ningún rastro de Magia y tampoco señales de quien muy posiblemente me había salvado.