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noviembre, 2013

Nov 01

2013

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Vignette Anuraidh Saimhain – Parte 1

On the night of Samhain,
 barrier between the worlds is whisper-thin
and when magic, old magic, sings its sweet song to anyone who cares to hear it

 

Miraba absorta el fuego tal como lo había hecho de niña. Las llamas bailaban sobre los restos de la madera seca y la hacían crujir emanando furiosas chispas. Mis ojos las seguían flotar en el aire hasta desaparecer. La fogata de Samhain era un espectáculo maravillo de ver.
En casa festejábamos fin de año manteniendo encendida una pequeña hoguera toda la noche. Era una jornada de mucho trabajo en el pub, si bien para cualquier irlandés nunca faltaban motivos para festejar. La globalización de la fiesta de Halloween había logrado que las calles se llenasen de niños disfrazados y los pubs de no tan niños, con menos aterradores pero si más provocativos disfraces. Sonreí al recordar mis últimos años, con sus festejos que no sentía del todo propios pero que aún así eran mis festividades preferidas. Que diferente que era todo ahora.
Esta noche no serviría bebidas ni repartiría dulces. Estaba esperando mi turno para hacerle mi ofrenda a la diosa. La ceremonia había comenzado cuando la Directora Alma había encendido el fuego con su Magia. El gigantesco árbol había ardido con una tonalidad violácea hasta que hizo su aporte el doctor Murphy con sus poderes en tonos azules, luego se sumó la Magia de los Elfos de la Luz Faradock y Vevila con unos impactantes tonos plateados y blancos. Uno a uno todos los profesores habían hecho su aporte para hacer crecer la fogata en tamaño y en diversidad de colores. Viendo la luz que proyectaban sobre el negro cielo parecía que la aurora boreal se había manifestado en pleno otoño.
Después de los profesores era el turno de los alumnos de la Corte Seelie. Cada uno se acercaría con los miembros de su Casa Mayor para hacer su tributo. Los primeros en acercase fueron Elfos, eran un numeroso grupo de chicos y chicas rubios que siempre mantenía una cordial distancia con las demás casas. Parecían muy delicados y daban una errónea impresión de belleza y fragilidad. Su aporte hizo que las llamas se tornaran blanquecinas ocultando casi por completo los demás colores. Los siguieron las Bride Faeries con su Magia de tonos nacarados y luego Meryl junto con los otros Pixies. El fuego continuó con el mismo color blanco pero ahora tenía una rebelde sección fucsia que parecía no querer disolverse.  Le dediqué una mirada de aprobación a mi amiga una vez que se ubicó del otro lado del árbol, sabía que había practicado mucho con el resto de los Pixies para lograr mantener unidos sus poderes y evitar así que sus colores se diluyeran. Una hazaña aún más loable cuando el dorado de los Leprechaun se perdió casi de inmediato. Cosa que a Frederick, mi pedante compañero de curso, pareció no importarle en lo más mínimo. La Magia de las Sirenas se sumo a la llamarada otorgándole un dejo de celeste.
Ahora les correspondía pasar a las Ninfas del Bosque. Las pequeñas de primer año Rocío, Brisa y Serena se acercaron bailando a la fogata a toda prisa, en su apuro dejaron atrás a Jared y a las dos chicas de tercero. Cuando se dieron cuenta de lo sucedido agacharon la cabeza con culpa, estuvieron a punto de recibir un reto por parte de Primavera y Florence pero la risa de Jared las detuvo. Corrió hacia ellas como un pequeño mientras arbustos de coloridas plantas florecían detrás de él con cada una de sus pisadas. Los poderes de Jared siempre me hacían sonreír y me generaban una sensación de satisfacción inesperada. La Magia de las Ninfas tiño las llamas de un color verde esmeralda que difícilmente desaparecería.
Estaba tan concentrada en que el tono que tenía ahora el fuego era el mismo que tenían los ojos de Jared que el turno de los Leanan Sidhe me pasó por completo desapercibido. Algo ridículo cuando era imposible ignorar a las musas. Trague saliva y me encaminé hacia el árbol. Era la última Seelie en pasar.
Respiré profundo y murmuré mis gracias a la Diosa. Este año le tenía mucho por lo que agradecer, así que me incliné llevándome una mano al corazón y concentrándome prometí dar mi mayor esfuerzo para sobrepasar cada obstáculo que surgiera. Sin importar que ocurriese mantendría mi conducta y mis valores, demostraría que el lugar de mi Casa, de todos los Daoine Sidhe era en el Otro Mundo de las Hadas.
Cuando me levanté me sorprendí al ver un destello color cobre deslizarse sobre el verde de las llamas. No era para nada impresionante si lo comparábamos con la Magia de las demás Casas Mayores pero estaba ahí, brillante como una espiga de trigo en un campo verde. Me acomodé cerca de Meryl del otro lado del árbol sonriendo como nunca antes.
Debo admitir que no le brinde particular atención a la Corte UnSeelie por concentrarme en que mi Magia siguiera titilando entre los nuevos colores que se sumaban a las llamas. El negro carbón de los Enanos, el verde musgo de las Banshees, el bordeaux de los Dearg Dul y el azul de los Kelpies.  Nuevamente la fogata parecía un arcoíris.
Me sorprendí al ver al grupo de cinco Phoukas extender sus cuernos en dirección al fuego. Por un momento pensé que intentaban quemarse, desestimé rápido esa idea por absurda pero al percibir un desagradable aroma a carne quemada no estaba tan segura. De sus cuernos de cabra emanaba humo y a pesar de que de seguro era una herida dolorosa, los Phoukas irguieron y tomaron su lugar haciendo caso omiso de las llamadas de atención del doctor. Meryl se sentó sobre uno de mis hombros y murmuró la palabra “sacrificio”. Los favores que se le pedían a la Diosa siempre se pagaban, no porque tuvieran un precio pautado sino porque se le otorgaba una ofrenda como compromiso y ofrenda. No sabía qué era lo que querían los Phoukas pero de seguro era importante si habían casi perdido por ellos sus característicos cuernos. Sentía muchísima curiosidad pero éste no era el momento o el lugar para saciarla.
Los últimos UnSeelie en acercarse al fuego eran los Licántropos. Lo hicieron en su forma sidhe, los cinco se ubicaron alrededor del fuego y respiraron sobre él. Exhalaron su Magia como un aliento y cerrando sus ojos le cantaron a la Diosa. Su canción era una de dolor y súplica. No tenía palabras pero el mensaje estaba claro. Era el pedido que le hace un hijo a su madre cuando sabe que la defraudo y haría lo que fuese por su perdón. Mis ojos se llenaron de lágrimas y pedí por ellos. Cuando terminaron se acercaron al resto de los alumnos con la cabeza en alto pero sin entablar un contacto visual. Los Licántropos se sentaron unidos y con su característica costumbre de amontarse, todo excepto por Asphodel. Mi compañera de habitación se acercó a los Elfos de la Luz y ocupó un lugar unos pasos detrás de ellos. Sabía que vivía con algunos de ellos desde que su Casa se rindió ante los Seelies cuando ella apenas tenía cuatro años. Según los Elfos era una invitada, según los lobos una prisionera. Asphodel no había emitido juicio alguno al respecto y era por eso que todos o al menos yo solía olvidar la situación. Si bien sentía que había sido y que era una experiencia terrible, nunca había visto soledad reflejada en los ojos de mi amiga hasta este entonces.  Me prometí a mi misma que no lo olvidaría.
Volví mi mirada hacia el árbol en llamas y me concentré en ver el final de la ceremonia de Samhain. Myrddin era quien tenía ese honor. El Mago sostuvo su báculo entre sus dos manos y lo golpeó contra el suelo dieciséis veces. Una por cada una de las Casa Mayores. En cada uno de esos golpes la Magia de Myrddin se sumaba al cúmulo colectivo que ardía frente a mí. No tenía una coloración particular pero dejaba ver los tonos de todas las casas de cada una de las Cortes. Lo que era aún mejor, evitaba que se viera como una mancha gigante de pintura sino que conectaba los poderes de todos nosotros logrando una composición nueva y armónica.
Cuando terminó un cálido viento comenzó a soplar. La brisa era leve pero constante y envolvió a las llamas que brillaban fuertes y altas sobre los ya restos del árbol. Estaba segura de que éste no era un viento común, aún así no pude evitar una exclamación de sorpresa cuando el fuego se elevó de las cenizas y flotó por encima de nuestras cabezas. No temí que cayera sobre nosotros pero no falto mucho para ello. Sin embargo las coloridas llamas brillaron fuertemente por unos instantes para luego separarse y alejarse en todas las direcciones.
No fui la única sorprendida porque el murmullo que se había oído hasta ahora desapareció por completo. La Directora Alma fue quien tomó la palabra entonces.
-Finalizamos este año de trabajo y esfuerzo dando las gracias por todo lo aprendido hasta ahora y pidiendo por la claridad mental para poder aceptar la instrucción de aquellos que aún tienen algo por enseñar. No hay nada que se consiga fácilmente que valga la pena aprender, es por ello que en nombre de todos los profesores de Ardscoil les pedimos que no se desanimen ante los fracasos. Lo mejor y lo peor de sus vidas aún está por llegar. Mantengan sus convicciones. Tienen un arduo camino por recorrer.

Fin